Composición de nuestro cuerpo
La biología nos ilustra como al igual que nosotros, cada célula que forma nuestro cuerpo puede crecer, reproducirse y procesar una asombrosa variedad de reacciones químicas, definiendo estas habilidades como los fundamentos para la vida. Ahora bien revisaremos la composición y estructura celular y las propiedades que distinguen nuestra condición humana. Entendiendo por qué somos tan vulnerables a exposición a radiaciones ionizantes.
La composición del cuerpo humano está basada en los átomos, dado que la radiación interacciona a escala atómica. Así la composición atómica del cuerpo determina el carácter y el grado de la interacción de la radiación mientras que la composición molecular y tisular define la naturaleza de las lesiones que la radiación produce. Los datos principales que debemos saber sobre la composición del cuerpo humano, es que el mismo está constituido 85% por hidrogeno y oxígeno.
Tejidos y órganos: durante el desarrollo y la maduración de un ser humano a partir de dos células germinales unidas aparecen numerosos tipos celulares diferentes. Los conjuntos de células con estructura y función similares forman los tejidos. En la tabla 2. Se ilustra desglosadamente la composición del cuerpo desde el punto de vista de sus componentes ísticos.
Estos tejidos, a su vez, se unen entre si de una forma precisa para configurar los órganos. Los tejidos y órganos del cuerpo actúan como unidades diferenciadas dotadas de responsabilidades funcionales específicas. Algunos de ellos se combinan para formar una organización global integrada que recibe el nombre de sistema orgánico.
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Composición hística del cuerpo |
Los principales sistemas orgánicos del cuerpo son el nervioso, el digestivo, el endocrino y el reproductor.
Tejido Abundancia
Musculo 43,9%
Grasas 14%
Órganos 12%
Esqueleto 10%
Sangre 7,7%
Medula ósea 4,2%
Tejido subcutáneo 5,8%
Piel 2,9%
Los efectos de radiación que aparecen a escala global son resultantes de las lesiones inducidas sobre estos sistemas orgánicos, que a su vez resultan de los daños por radiación a que se someten las células de los mismos.
Las células de un sistema hístico se identifican según su tasa de proliferación y su estadio de desarrollo. Así, las células inmaduras reciben el nombre de indiferenciadas, precursoras o células madre. Conforme van madurando, mediante los procesos de crecimiento y proliferación, pueden atravesar por diversas fases de diferenciación hasta convertirse en células maduras y plenamente funcionales.
La sensibilidad de la célula a la radiación está determinada hasta cierto punto por su estado de madurez y su cometido funcional. En términos generales, puede decirse que las células inmaduras son más sensibles a la radiación que las maduras. Se muestra una lista de diferentes tipos de células que pueden clasificarse en función de sus características estructurales o funcionales. Estas características influyen en el grado de radiosensibilidad del tejido.
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La respuesta de la radiación está relacionada con el tipo celular
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Radiosensibilidad Tipo Celular
Alta linfocitos
Espermatogonios
Eritroblastos
Células de las criptas intestinales
Intermedia Células endoteliales
Osteoblastos
Espermatides
Fibroblastos
Baja Células musculares
Células Nerviosas
Los tejidos y órganos del cuerpo contienen tantas células madre como células maduras. Según sus propiedades estructurales y funcionales cabe distinguir varios tipos de tejidos. Estas propiedades influyen en el grado hístico de radiosensibilidad.
El epitelio es el tejido que recubre todas las superficies expuestas del cuerpo, ya sean interiores o exteriores: la piel, los vasos sanguíneos, las cavidades abdominales y torácicas y el tracto gastrointestinal.
Los tejidos conectivos y de soporte son ricos en proteínas y están compuestos principalmente por fibras que suelen poseer un alto grado de elasticidad. El tejido conectivo sirve para mantener unidos los órganos y tejidos. Algunos ejemplos del tejido conectivo son los huesos y los cartílagos.
El musculo es una clase especial de tejido que es capaz de contraerse. Está presente en todo el cuerpo y también posee un contenido proteínico elevado. Por su parte, el tejido nervioso, también denominado conductor, consta de células especializadas llamadas neuronas, que tienen prolongaciones largas y finas desde la célula hasta porciones distantes del cuerpo. El tejido nervioso forma la red a través de la cual se transmiten los impulsos eléctricos por todo el cuerpo con fines de respuesta y control.
Cuando se combinan, todos estos tejidos que forman los órganos, se clasifican en dos grandes categorías según sus constituyentes: el parénquima, que contiene tejidos representativos de órganos concretos, y el estroma, compuesto por tejido conectivo y vasculatura que conforma la estructura orgánica.
Al considerar los efectos precoces de la exposición a radiación en dosis altas, son las lesiones orgánicas
Las que en último término producen efectos observables. Los diversos órganos del cuerpo muestran una amplia gama de sensibilidad frente a la radiación. En términos generales, la radiosensibilidad viene determinada por: 1) la función del órgano en el cuerpo, 2) la velocidad a la que maduran las células del órgano y 3) la radiosensibilidad inherente del tipo de célula.
No es necesario un conocimiento exacto de las radiosensibilidades de los órganos; no obstante, resulta muy útil tener una idea de los niveles generales de radiosensibilidad tabla2. Para comprender los efectos de la exposición de radiación en todo el cuerpo, particularmente del síndrome de radiación aguda.
Cuando se irradian los componentes macromoleculares fundamentales, se necesita una dosis de aproximadamente 1 Mrad (10 kGy) para producir un cambio mensurable en alguna de las características físicas de la molécula. Cuando tal molécula se incluye en el aparato de una célula viva, solo se necesitan, en cambio, unos pocos rad para inducir una respuesta biológica mensurable. La dosis necesaria para producir letalidad en algunos organismos unicelulares, como las bacterias, se mide en Kilorad, mientras que las células humanas pueden ser destruidas con dosis inferiores a 100 rad (1 Gy).
Se han realizado múltiples experimentos destinados a demostrar que el núcleo de la célula es mucho más sensible a los efectos de la radiación que el citoplasma. Estos experimentos se han efectuado con microhaces de electrones de gran precisión que se enfocan y dirigen sobre una parte determinada de la célula o, alternativamente, mediante la incorporación de los isotopos radiactivos 3H y 14C a las moléculas celulares que se localizan exclusivamente en el citoplasma o en el núcleo.


