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Mantener una temperatura de confort en invierno o controlar el gasto eléctrico ha dependido tradicionalmente de la acción manual: encender la calefacción al sentir frío o acordarse de desenchufar aparatos. En el pasado, automatizar estos procesos requería complejas e instaladas infraestructuras domóticas de alto coste.
Hoy en día, la eclosión de los teléfonos inteligentes, la conectividad Wi-Fi, los sensores inalámbricos y los estándares abiertos (como Matter o Zigbee) permiten convertir cualquier vivienda en un hogar inteligente eficiente con una inversión mínima y sin necesidad de obras.
En lugar de programar la calefacción a horas fijas (gastando energía aunque la casa esté vacía), los termostatos inteligentes ajustan la temperatura basándose en tu ubicación real.
Colocar pequeños sensores magnéticos en ventanas o puertas de balcones permite crear reglas de seguridad energética: si se abre una ventana para ventilar, el sistema de climatización se apaga automáticamente para no malgastar energía, volviendo a encenderse al cerrarla.
Desenchufar manualmente la televisión, consolas o altavoces por la noche resulta incómodo.
Para viviendas con calefacción central o radiadores de agua, la instalación de válvulas termostáticas inteligentes por estancia permite regular la temperatura habitación por habitación. Es posible mantener el salón a 21 °C mientras se reduce la temperatura en dormitorios no utilizados durante el día.
Integrar estos accesorios en plataformas como Google Home, Apple Home o Amazon Alexa facilita la creación de escenas automáticas: por ejemplo, una rutina "Buenas noches" que apague las luces, baje persianas motorizadas y configure el termostato en modo nocturno con un solo mandato de voz o desde la pantalla del móvil.