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La radiación no es otra cosa que la emisión, propagación y transferencia de energía en cualquier medio en forma de ondas electromagnéticas o partículas.
La energía que transporta una radiación electromagnética se desplaza mediante ondas. Esta energía no es continua, sino que se transmite agrupada en pequeños «cuantos» de energía llamados fotones. La onda se compone de un campo eléctrico oscilante, asociado a un campo magnético también oscilante, y ambos son perpendiculares a la dirección de propagación.
Las ondas electromagnéticas se caracterizan por tres parámetros fundamentales: Longitud de onda, Frecuencia y Energía:
La frecuencia es directamente proporcional a la energía que transporta una radiación, según la ecuación: E = h.f, (donde h es la constante de Planck = 6,63·10-34 J/s).
Las diferentes radiaciones electromagnéticas tienen diferentes energías e interaccionan con la materia de forma distinta según esta energía.
En el siguiente esquema se muestran los distintos tipos de radiaciones electromagnéticas ordenadas por energía. Es lo que se conoce como espectro electromagnético. Seguro que muchas de estas radiaciones te son familiares.
Las radiaciones electromagnéticas se clasifican en dos grandes grupos en función de su energía, o dicho de otra manera en función del tipo de cambios que provocan en los átomos con los que interaccionan:
De todas las radiaciones electromagnéticas mostradas en el esquema anterior (espectro electromagnético) sólo los rayos X y los rayos gamma tienen suficiente energía como para producir fenómenos de ionización en los átomos, es decir son radiaciones ionizantes. El resto de las radiaciones electromagnéticas (ondas de radio, microondas, rayos infrarrojos, luz visible, rayos ultravioleta) son radiaciones no ionizantes.