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Cada país establece su forma de gestionar y almacenar los residuos radiactivos, por lo que lo que se describe a continuación son algunos tipos de almacenamientos (dependiendo de cada país pueden recibir otros nombres aunque su funcionamiento es similar) que suelen ser los más comunes. En este caso, se ha tenido en cuenta para su clasificación, la actividad de los residuos (muy baja, baja, media y alta actividad) y la temporalidad (temporal o definitiva) puesto que en algunos países no se considera un desecho sino un recurso que puede ser utilizado, mediante una serie de procedimientos, para utilizarlo como combustible en los reactores de nueva generación. Es lo que se conoce como reprocesado.
Para estos tipos de residuos se pueden utilizar instalaciones de almacenamiento en superficie o a baja profundidad. La mejor forma de explicarlo es con un ejemplo, como el Centro de Almacenamiento de El Cabril, Hornachuelos, en Córdoba (España).
Inició su operación en 1992, después de casi tres años de construcción, y cuenta con dos zonas diferencidas para sus funciones:

Las instalaciones de El Cabril tienen como características:
La Nuclear Regulatory Commission (NRC) de Estados Unidos ha calificado en documento público las instalaciones de El Cabril como unas de las mejores del mundo para el tratamiento y almacenamiento de los residuos radiactivos de baja y media actividad.
¿Cómo se gestionan los residuos de muy baja actividad?
Los residuos de muy baja actividad llegan a la instalación en sacas, bidones o contenedores y se almacenan directamente en la estructura o celda específica de almacenamiento. En caso de que fuera necesario su tratamiento, se envían al área destinada para el mismo.
Cuando las estructuras o celdas lleguen al límite de su capacidad, se cubrirán con diferentes capas, siendo la última de tierra vegetal para su integración en el entorno. En ese momento comenzará la fase de vigilancia y control del emplazamiento durante 60 años.
¿Cómo se gestionan los residuos de baja actividad?
El sistema de almacenamiento se basa fundamentalmente en la interposición de barreras de ingeniería y de barreras naturales que aíslan de forma segura los materiales almacenados, garantizando la protección de las personas y del medio ambiente.

Los residuos de baja y media actividad llegan a El Cabril en transportes especializados y se descargan en la zona de acondicionamiento o bien en alguno de los almacenes temporales. La mayor parte de los residuos generados en las centrales nucleares llegan acondicionados en bidones. Los procedentes de hospitales, centros de investigación o industrias son tratados y acondicionados en las propias instalaciones de El Cabril.
Los bultos recibidos se introducen en contenedores de hormigón hasta su capacidad máxima. En ese momento se inmoviliza cada uno mediante mortero inyectado formando bloques compactos que van introduciendo en la celda de almacenamiento hasta que se completa y se cierra con una losa de hormigón armado y se impermeabiliza.
Cuando se completen todas las estructuras de una plataforma, se cubrirá con una cobertura final formada por diferentes capas drenantes e impermeabilizantes que terminarán con una última capa de tierra vegetal, buscando su integración con el entorno. En este momento, comenzará la fase de vigilancia y control del emplazamiento, con una duración estimada de 300 años.
¿Cómo se tratan y acondicionan los residuos radiactivos?
Desde el momento en que se generan y hasta que se almacenan, los residuos radiactivos se someten a un proceso de acondicionamiento que depende, fundamentalmente, de sus características físico-químicas y radiológicas:
Los residuos orgánicos se incineran con la finalidad de poder solidificarlos inmovilizando posteriormente las cenizas con mortero.
Los residuos de alta actividad contienen cantidades apreciables de productos radiactivos (emisores de radiación alfa de vida larga y de beta-gamma) cuya radiactividad es alta y generan calor de forma significativa. Básicamente se trata del combustible nuclear gastado o irradiado de las centrales nucleares y de los residuos vitrificados producidos en el reproceso de pequeñas cantidades de combustible gastado.
Los residuos especiales son residuos de larga vida y actividad significativa, cuya gestión temporal y definitiva será similar a la de los residuos de alta actividad.
Si no se considera el reprocesado, tal y como lo hace España, las instalaciones para este tipo de residuos son:
Sistemas de almacenamiento temporal
El almacenamiento temporal es necesario para llevar a cabo la gestión de la segunda parte del ciclo del combustible nuclear. Es preciso que exista una instalación temporal intermedia en la que el combustible irradiado pierda parte de su energía residual antes de ser depositado en un almacenamiento definitivo.
Un procedimiento generalizado, aunque no es la única opción, es almacenar el combustible irradiado en piscinas y, pasados unos años, durante los que se reduce el nivel de radiactividad (cada año se reduce a la centésima parte), estos elementos son transferidos, generalmente, a un Almacén Temporal Individualizado (ATI), donde se mantienen hasta su disposición definitiva.
El objetivo es que cuando se lleve a cabo el almacenamiento definitivo, el nivel de radiactividad se haya reducido a la milésima parte.

Para ello, el combustible irradiado, una vez extraído del reactor nuclear, debe ser siempre almacenado bajo agua para su refrigeración en las piscinas de la central nuclear.
La elección del agua como medio hospedante se debe a su alto coeficiente de transmisión del calor que permite el enfriamiento, sus buenas propiedades como blindaje, su transparencia y su manejabilidad.
La capacidad de almacenamiento de combustible de las centrales nucleares españolas en las piscinas se ha ampliado en los últimos años (teniendo en cuenta la duración actual de los ciclos operativos y la obligación legal por seguridad de dejar una reserva de capacidad igual a un núcleo completo), aunque ha llegado un momento en el que se han saturado, para lo que se ha buscado la opción de los Almacenes Temporales Individualizados (ATI).
En algunas centrales, las piscinas han llegado o están llegando a su capacidad máxima de almacenamiento o se plantea la necesidad de evacuar el combustible de estas para poder iniciar su desmantelamiento. Para ello, se disponen los elementos combustibles en contenedores que se almacenan, durante un tiempo determinado, en una instalación apropiada en el emplazamiento de la central denominada Almacén Temporal Individualizado (ATI).
Los contenedores para el almacenamiento temporal pueden ser de distintos tipos. Por ejemplo, metálicos de doble propósito (almacenamiento y transporte) o cápsulas metálicas soldadas almacenadas en módulos de hormigón-metal y transportables en contenedor metálico.
La utilización de los ATI para el almacenamiento temporal del combustible irradiado es una práctica habitual en varios países del mundo con programas nucleares.
Es un sistema de almacenamiento definitivo que tiene como objetivo almacenar los residuos de alta actividad en formaciones geológicas profundas para evitar que las sustancias radiactivas que contienen lleguen al entorno humano en concentraciones que puedan dañar al medio ambiente y, consecuentemente, a la salud humana.
Para conseguirlo es necesario aislar el residuo durante periodos de tiempo largos, de forma que la actividad de los distintos elementos radiactivos contenidos decaiga a valores suficientemente bajos como para que no se alteren los fondos radiológicos naturales y no se incrementen las dosis normales al ser humano.
La seguridad del AGP se fundamenta en el denominado principio “multibarrera”, que consiste en interponer una serie de barreras, artificiales y naturales, entre los residuos y la biosfera junto con una capacidad de aislamiento y confinamiento de las formaciones geológicas, siempre que éstas reúnan unas determinadas características de estabilidad, espesor, ausencia de vías preferentes de migración de efluentes y capacidad de retención. La finalidad es que las deficiencias que pudieran producirse en el comportamiento de una barrera con el paso del tiempo no comprometan la seguridad global del sistema.
Estas barreras actúan de dos formas distintas:
Las barreras o componentes de este concepto son de dos tipos:

Las barreras artificiales o de ingeniería se diseñan, construyen y colocan de acuerdo con el diseño del almacén, la función o funciones específicas que se les asignan y las condiciones que imponen a corto y largo plazo el resto de las barreras artificiales y naturales del sistema. Sus componentes son:
Las barreras artificiales juegan un papel decisivo en la seguridad a corto plazo, por su capacidad de contención y retardo.
Las barreras naturales no son especificadas o construidas por el ser humano, pero deben ser caracterizadas y seleccionadas de acuerdo con unos criterios o requisitos funcionales que las hagan adecuadas para el correcto funcionamiento de las barreras artificiales y del conjunto. Sus componentes son:
Por barrera geológica se entiende la formación geológica en la cual se encuentra ubicado el almacén, y que está constituida fundamentalmente por una parte sólida, conformada por rocas y minerales, y una parte fluida formada por agua y gases.
La barrera natural es responsable de la seguridad del sistema a largo plazo, retrasando la salida hacia el entorno humano de los radionucleidos y controlando su dispersión y dilución.
El diseño, construcción, operación y licenciamiento de un repositorio geológico profundo o AGP sigue una serie de etapas, condicionando cada una de ellas a la posterior: