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29 de octubre de 1870, Maryland (Estados Unidos) - 3 de noviembre de 1940, Maryland (Estados Unidos)
Criado en Maryland, Owens demostró una pronta y brillante aptitud para las ciencias tecnológicas. Realizó sus estudios superiores en el Colegio Industrial de la Universidad Johns Hopkins y posteriormente en la Universidad de Columbia. Con apenas 21 años, en agosto de 1891, fue contratado como profesor adjunto de ingeniería eléctrica en la recién creada escuela de dicha especialidad en la Universidad de Nebraska-Lincoln. Durante su estancia allí, participó activamente en la fundación de la sociedad que más tarde se convertiría en el prestigioso IEEE (Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos).
En 1898, Owens se trasladó a Montreal tras aceptar la prestigiosa cátedra MacDonald de Ingeniería Eléctrica en la Universidad McGill de Canadá. Fue en este periodo cuando cruzó caminos con el físico neozelandés Ernest Rutherford. Al unir fuerzas para desentrañar la naturaleza de la radiactividad, Owens se concentró en estudiar las emisiones del torio. Fue su rigurosidad experimental la que le permitió notar que las corrientes de aire ordinarias alteraban drásticamente las lecturas de radiactividad de este elemento, un hallazgo que cambiaría el rumbo de la física moderna.
Para estudiar la radiación del óxido de torio, Owens utilizaba una cámara de ionización conectada a un electrómetro. El principio era simple: la radiación emitía partículas que cargaban eléctricamente el aire del interior de la cámara, y el electrómetro medía esa corriente eléctrica. Cuanta más radiación, mayor era la corriente detectada. Sin embargo, el experimento se volvió un quebradero de cabeza por una serie de hechos curiosos:
Desconcertado por este comportamiento, Owens le mostró los caóticos resultados a Ernest Rutherford. Rutherford, que en ese momento estaba concentrado en el uranio (el cual tiene una radiación muy estable que no se inmuta con el viento), quedó fascinado.
Rutherford tomó el relevo de la investigación de Owens y construyó un sistema de tubos para "aspirar" ese aire modificado por el torio y pasarlo a otro recipiente. Así descubrieron que el torio estaba emanando un gas noble altamente radiactivo, bautizado inicialmente como "emanación de torio", que hoy conocemos como radón (isótopo radón-220). Lo más fascinante fue comprobar que este gas perdía la mitad de su radiactividad en apenas un minuto (su vida media es de 55,6 segundos). La sensibilidad y curiosidad de Owens ante una simple corriente de aire rompieron con la idea de la época de que la radiactividad era un proceso fijo y estático, proveyendo a Rutherford de la evidencia necesaria para consolidar las propiedades de los rayos alfa y abrir la puerta a la física nuclear moderna.
Tras su histórica etapa de investigación en Canadá, Owens regresó a los Estados Unidos, donde continuó expandiendo su influencia en el ámbito científico y social: