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El pasado 3 de junio, la startup Xcimer activó "Phoenix", el láser de uso privado más potente del mundo. Este avance no solo es un récord de ingeniería, sino que supone un cambio de paradigma: la fusión nuclear está pasando de ser un experimento de laboratorio a convertirse en una carrera industrial hacia una energía limpia e infinita.
La fusión nuclear —el proceso que alimenta al Sol— ha sido durante décadas el "santo grial" de la ciencia. Mientras que la fisión nuclear actual divide átomos, la fusión los une, liberando cantidades masivas de energía sin los residuos radiactivos de larga duración.
Hasta hace poco, esta tecnología solo se lograba en grandes centros gubernamentales, como, por ejemplo, la National Ignition Facility (NIF) en los Estados Unidos. Sin embargo, Xcimer ha logrado construir "Phoenix", un sistema láser de 38 metros de largo que utiliza tecnología de amplificación excímera (técnica láser avanzada que utiliza gases nobles, como el criptón o el argón, para producir pulsos de luz ultravioleta de altísima potencia) —la misma que se emplea para fabricar semiconductores— a una escala sin precedentes. Este láser es capaz de generar más de 1 kilojulio de energía, un paso crítico para demostrar que la fusión puede ser rentable.
El gran desafío de la fusión no es solo lograr la reacción, sino hacerlo de forma repetible y económica. Xcimer apuesta por la Inertial Fusion Energy (IFE). La idea es sencilla en teoría, pero compleja en la práctica:
"Phoenix" es el banco de pruebas. La empresa ya tiene la vista puesta en 2028, fecha en la que planea completar un prototipo funcional, con la mirada puesta en una planta comercial para mediados de la década de 2030.