Nucleares

La energía nuclear procede de reacciones de fisión o fusión de átomos en las que se liberan gigantescas cantidades de energía.

En los años cincuenta y sesenta esta forma de generar energía fue acogida con entusiasmo, dado el poco combustible que consumía (con un solo kilo de uranio se podía producir tanta energía como con 1.000 toneladas de carbón). Pero ya en la década de los 70 y especialmente en la de los 80 cada vez hubo más voces que alertaron sobre los peligros de la radiación, sobre todo en caso de accidentes. El riesgo de accidente grave en una central nuclear bien construida y manejada es muy bajo, pero algunos de estos accidentes, especialmente el de Chernobyl (1986) que sucedió en una central de la URSS construida con muy deficientes medidas de seguridad y sometida a unos riesgos de funcionamiento alocados, han hecho que en muchos países la opinión pública se haya opuesto mayoritariamente a la continuación o ampliación de los programas nucleares. Además ha surgido otro problema que está en vías de solución: el del almacenamiento de los residuos nucleares de alta actividad.

 

 
 
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Central Nuclear de Garoña

La central nuclear de Santa María de Garoña se encuentra en la península formada por un meandro del río Ebro, situada a la altura del pueblo del mismo nombre en el valle burgalés de Tobalina. Es una zona muy húmeda ya que está recorrida por el Ebro y sus afluentes, Jerea y Purón, y cuenta también con dos pantanos, el de Cillaperlata y el de Sobrón.

Este emplazamiento cumple los requisitos indispensables, como son la situación equidistante y próxima a los centros de consumo y a sus grandes redes y subestaciones, la cercanía de un caudal abundante de agua para la refrigeración de la central, buenas condiciones meteorológicas, geológicas y sísmicas, y accesos que permitan la llegada de los componentes a la central.

 

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