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Gracias a la física teórica

No hay que ser ningún premio nobel para emocionarse por descubrimientos como el de las ya célebres ondas gravitacionales. Avances como este, o el de la detección del bosón de Higgs tienen el poder de inspirarnos por el simple hecho de que nos permiten conocer un poco mejor nuestro universo. Sin embargo, he oído a algunas personas preguntarse estos días en qué puede beneficiar a su vida diaria estos avances, en los que gastamos enormes cantidades de dinero. No hay duda de que para los científicos debe molar estudiar agujeros negros a millones de años de distancia pero eso no va a cambiar la forma en la que la mayoría de la gente vive, o trabaja. ¿O sí?

Lo cierto es que los estudios puramente teóricos de lo que conocemos como ciencia básica puede producir cambios profundos y sorprendentes en nuestra vida. De hecho, varios pilares fundamentales sobre los que descansa nuestra sociedad moderna –desde la comunicación por satélite a los ordenadores, o la navegación web– han sido posibles gracias a investigaciones que no tenían ninguna aplicación, al menos evidente,  en los momentos en los que se llevaban a cabo.

Por ejemplo, hace unos 100 años la mecánica cuántica era un asunto puramente teórico, solo comprendido por unos pocos y geniales ratones de laboratorio, desarrollada para conocer ciertas propiedades de los átomos. Sus padres, científicos como Werner Heisenberg o Erwin Schrödinger no tenían en mente ninguna aplicación cuando investigaban. Su impulso era, únicamente, conocer de qué está hecho nuestro mundo. La mecánica cuántica establece que no puedes observar un sistema sin modificarlo por esa observación, y en principio, sus efectos sobre la sociedad fueron más filosóficos que prácticos. Hoy la física cuántica es la base de nuestro manejo de los semiconductores, que hacen funcionar a los ordenadores o teléfonos móviles.

En la misma época en la que se daban los elementos clave en mecánica cuántica, un tal Albert Einstein intentaba conseguir una mejor comprensión de la gravedad, la fuerza dominante del universo a escala macroscópica. En lugar de considerar la gravedad como simplemente una fuerza entre dos cuerpos, la describió como una curvatura espacio-tiempo alrededor de cada cuerpo, de forma similar a la que una lámina de goma se deforma cuando pasa por encima una pesada bola de acero. Se trata de la teoría de la relatividad general de Einstein.

 

 

Como cuenta el periodista Juan Scaliter, cuando en el siglo XIX James C. Maxwell postuló la existencia de las ondas electromagnéticas, fue necesario que pasaran 20 años hasta que Heinrich Hertz confirmó su existencia y se convirtió en el primero en producirlas. Muy pronto comenzaron sus aplicaciones: ondas de radio y televisión, las microondas, los rayos X.

Más cerca en el tiempo, la World Wide Web nació en el CERN como una forma para la gestión de las ingentes cantidades de información que producía la institución. El 30 de abril de 1993, el CERN anunció de forma oficial mediante la publicación de un documento que la web sería de dominio público, abierta para todos y sin costes.

Pero además de las posibles aplicaciones futuras, hacer ciencia básica también tiene beneficios financieros directos. Muchos de los estudiantes y postdocs que trabajan en grandes proyectos de investigación como el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) acaban trabajando en la industria, donde aplican sus conocimientos en tecnologías punta.

A pesar de estos beneficios directos e indirectos la mayoría de los físicos teóricos tienen una motivación muy distinta para llevar a cabo su trabajo: simplemente están interesados en mejorar la comprensión de la humanidad del universo. Si bien esto puede no afectar inmediatamente a nuestras vidas, es una razón esencial para hacer investigación fundamental. Unas razones que en realidad comenzaron cuando los humanos empezaron al mirar al cielo nocturno en la antigüedad, para hacerse preguntas  y a teorizar sobre lo que les rodeaba.

A lo largo de la historia, parece que cada nivel de comprensión científica que logramos viene acompañado de nuevas preguntas. Nunca es suficiente con saber lo que sabemos.  Y Ahora lo que toca esperar es con curiosidad qué derivaciones se producirán de descubrimientos como el de las ondas gravitacionales.

 

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