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Recursos educativos

El nuevo orden educativo de la «Torre de Babel» europea

El nuevo orden educativo de la «Torre de Babel» europeaLa universidad europea está en fase de reinvención. Una reconversión de alto voltaje que afecta a todos sus pilares, desde el institucional, al educativo, formativo, de gestión y, por supuesto, financiero, en la que España tendrá que recorrer una senda más sinuosa de lo que su historia cultural y su peso económico podía presagiar. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), institución que ha hecho de la Educación una de sus banderas de análisis interno, certifica el retardo del sistema español. Aunque el último diagnóstico anual de la institución multilateral sitúa a España por encima del cómputo medio de sus 30 socios en aspectos como el porcentaje de licenciados entre 25 y 34 años, la duración media del periplo universitario o el ratio de empleo del colectivo con estudios superiores, deja al descubierto algunas rémoras de difícil solución inmediata. Entre otras, la baja participación de estudiantes extranjeros en relación al censo total de universitarios, lo que revela un déficit de calidad y de poder de atracción de los centros docentes, o los reducidos gastos por estudiantes, tanto en las entidades públicas como privadas. Un escollo, el financiero, que los expertos de la OCDE también señalan en materia de Investigación y Desarrollo (I+D), precisamente la piedra angular sobre la que el Gobierno quiere edificar el futuro patrón de crecimiento económico.

En este sentido, el estudio del club de países ricos alerta de la tentación a la que parece que han recurrido no pocos centros universitarios españoles, en la década de transición hacia Bolonia, de confeccionar programas máster demasiados «cortos en el tiempo», una opción que, a los ojos de la OCDE, detenta un «serio peligro» para la ya de por si delicada «posición internacional» de España. Al tiempo que constata una «prioridad» para las autoridades educativas nacionales.

Calidad ínfima 

El francés, Guy Haug, uno de los autores de la revisión española, pone el dedo en la llaga al detectar una insuficiente calidad de los doctorados, y reclamar un programa preciso y nítido detrás de cada vínculo individual entre alumno y profesor en estos menesteres.

La segunda reivindicación de Haug, en este caso, al Ejecutivo español, coincide con las reclamaciones estudiantiles, y atañe a la necesidad imperiosa de realizar mayores esfuerzos presupuestarios en becas y ayudas al estudio. Y, entroncando con esta petición, la tercera de las medidas en discordia, que no debe reducirse sólo al fomento de la Formación Profesional (FP), una apuesta decidida del equipo de Zapatero, sino también a la construcción de «pasarelas» desde esta modalidad educativa a los distintos campus universitarios españoles.

La llegada de Ángel Gabilondo al Ministerio de Educación ha dado un espaldarazo al tramo final de Bolonia. El Ministro ha prometido impulsar este proceso con mano firme, a través de un gran pacto político y social. Su reciente pasado como presidente del Consejo de Rectores le otorga un aval notable para plasmar su idea de configurar en España un proceso «diverso y homogéneo», porque a su juicio, Bolonia «no exige que sea uniforme». Una de sus primeras acciones ministeriales ha sido presentar a las distintas comunidades autónomas sus planes para el sistema educativo en general. Una agenda que no sólo se ciñe a la universidad, sino que pretende sentar las bases de una transformación de más calado, que afecte a los cimientos mismos del modelo, y que atenderá desde la dotación de ordenadores a los alumnos de primaria, hasta medidas para erradicar el abandono escolar, o el incremento gradual y masivo de becas.

La OCDE es clara a este respecto. España se mantiene por debajo del listón medio en esfuerzo inversor a las universidades, que acaparan el 88% de la factura nacional en Educación. Sus cálculos hablan de un 1,1% del PIB, a dos décimas del gasto promedio de la UE, aunque varios peldaños por debajo de los desembolsos de los socios nórdicos. El acuerdo estatal, en consecuencia, no sólo debe tratar de encontrar un punto común de encuentro en materia de financiación.

Política de Estado

El consenso exige la plena involucración de las autoridades regionales en una política transferida desde hace tiempo, en busca de la necesaria armonización de la calidad universitaria.

En la antesala del pistoletazo de salida de Bolonia, Navarra y Cantabria, encabezan el ránking nacional de regiones que más gastan por alumno. Dentro de una gestión más bien saneada de las cuentas de los centros universitarios, con una escasa propensión al endeudamiento.

Tan sólo diez de ellos presentan déficit en sus estados financieros. Generalmente, las que más destinan a investigación, una actividad que, en el ámbito público, reportaron en 2006 unos 1.100 millones de euros.

También otras instituciones inciden en los incrementos del cheque educativo estatal como fórmula para resolver los talones de Aquiles del modelo español.

El Consejo Económico y Social (CES), órgano consultivo del Gobierno, señala esta rémora como causa del lastre al desarrollo de las universidades y origen de la falta de una política estatal consolidada en materia educativa.

Fondos privados 

Otro estudio del Center for European Reform (CER), un think-tank británico próximo al laborismo y marcadamente paneuropeo, apunta también a la baja aportación de fondos privados a las arcas universitarias españolas, que cifra en tres décimas del PIB. El CER que, sin embargo, no sitúa este déficit español muy lejos de los desembolsos en otros socios de la UE, sino que prefiere hacer hincapié en el amplio margen de maniobra que Europa ostenta aún con EEUU, su gran rival en la atracción de talento, donde los fondos privados suponen el 1,4% de la majestuosa factura federal, que alcanza el 2,6% del PIB de la mayor economía del planeta. Mientras dibuja un panorama de lo más variopinto en el Viejo Continente. Toda una justificación de poner en marcha, sin más dilación, el Proceso de Bolonia.

En su diagnóstico continental, bajo el elocuente título de «¿Renacimiento o decadencia de las universidades europeas?», los analistas del CER critican abiertamente modelos con buena imagen exterior, como el alemán, del que dicen que ha perdido, a lo largo del siglo pasado, su condición de sede de la filosofía y la intelectualidad mundial, o el danés, al que pone como ejemplo de errores conceptuales graves, como la provocada por su reforma de las universidades, de 1988, que ha permitido lanzar al mercado laboral a licenciados en derecho con licenciaturas cortes, pese a que las empresas siguen reclamando ofertas de abogado con títulos tradicionales de cinco años de docencia.

Este organismo señala a Holanda, Finlandia, Suecia y Reino Unido como los únicos socios con modelos universitarios realmente competitivos y con unas ofertas de programas amplias y adaptadas a los requisitos del mercado. Sus recomendaciones a la Unión se agrupan en cuatro ámbitos de actuación. La primera, encaminada a modelar un sistema que esté rodeado de instituciones educativas superiores colaterales, como los colleges británicos, las escuelas de negocio, centros de investigación universitarias, que posibilite, incluso, las fusiones de entidades educativas para ello. Una segunda, que restituya los incentivos de éxito educativo y las sanciones de incompetencia, en aras de elevar la calidad universitaria europea, a través de premios de reconocimiento a la excelencia. Un tercer bloque de gestión y buen gobierno de las universidades, con responsabilidades, funciones y administraciones financieras