Pasar al contenido principal

Así es el "búnker" de las centrales nucleares de Ascó -Vandellós

21/12/2016 -
LA VANGUARDIA

El accidente de Fukushima  ha marcado un antes y un después en la planificación de la seguridad de las centrales nucleares. Los emplazamientos han tenido que prepararse para afrontar la peor de las catástrofes. La Associació Nuclear Ascó y Vandellòs (ANAV) ha culminado los medidas implantadas a raíz de lo sucedido en Japón, entre ellas, una área segura que consta de tres nuevas infraestructuras: un almacén para los generadores eléctricos portátiles y bombas para poder inyectar agua; un helipuerto y un edificio-búnker desde donde poder gestionar la central en caso de emergencia extrema

Las medidas implantadas para afrontar una catástrofe, ya sea un desastre natural como un terremoto, inundaciones o lluvias y temperaturas extremas o a causa de cualquier otro accidente como un ataque terrorista, han supuesto en Ascó y Vandellòs una inversión de cien millones de euros. El Centro Alternativo de Gestión de Emergencias (Cage), el búnker con autonomía para setenta personas durante tres días ya está operativo en los dos emplazamientos. “Hemos adecuado nuestras instalaciones a todos los requerimientos que ha formulado el CSN”, afirma Gago. La seguridad en el exterior del emplazamiento, no depende de los propietarios de la central, sino de Protección Civil. Uno de los temas pendientes es la organización de un simulacro de accidente nuclear con población para detectar los déficits en la gestión de una hipotética emergencia en el territorio más inmediato.tructuras de hormigón a prueba de terremoto ha costado unos ocho millones.

 

El personal ha hecho 160.000 horas de formación específica y desde Fukushima se han creado 30 nuevas guías y procedimientos para actuar en caso de emergencia”, explica el director general de ANAV, José Antonio Gago. Se ha dibujado un escenario de emergencia extrema, como la que vivió la central japonesa en marzo de 2011, cuando falló el abastecimiento de electricidad externa por el terremoto y luego los generadores propios de electricidad, por el tsunami.

Además de terremotos, el búnker se ha diseñado para aguantar vientos de hasta 250 kilómetros por hora en Vandellòs y 180 kilómetros por hora en Ascó; temperaturas límite en verano (39,5 grados en Vandellòs y 46 grados en Ascó) y en invierno (de -4,2 grados y -13,7) y también para soportar lluvias extremas. El edificio consta de dos pisos. En la planta baja, en la zona de acceso, hay la sala de preparación de las botellas de oxígeno y la zona de control radiológico y descontaminación con una área para los servicios médicos. Ya en la zona “limpia”, se sitúan los vestuarios, el depósito de agua sanitaria, el almacén general y la sala eléctrica.

 

Equipos de dosímetros para controlar los niveles de radioactividad en la zona y también en los trabajadores, la sala eléctrica, y la zona de mando de la central, que dispone de líneas de comunicación segura con la Sala de emergencias del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y de Protección Civil. “En caso de emergencia, todo el personal desplazado trabajaría desde aquí”, explica Gago. En esta planta también hay los dormitorios y el almacén con la comida necesaria para setenta personas durante tres días. En total 210 raciones de comida empaquetadas en bolsas de 24 horas.

A la construcción de estos edificios (uno en Ascó y otro en Vandellòs), se suma el helipuerto para poder recibir material o desplazar personas si las carreteras estuvieran impracticables y el almacén donde se guardan los generadores eléctricos portátiles y las bombas de alta y baja presión para, en un momento de necesidad, poder inyectar agua y refrigerar el reactor. Además, se han llevado a cabo otras inversiones en las plantas, como la instalación de recombinadores pasivos de hidrógeno (para evitar una explosión) y filtros de muy alta eficiencia para controlar una posible fuga de radiactividad al exterior.

 

enfermería del búnker