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Muere Val Logsdon Fitch

(Merriman, 1923 - Princeton, 2015) Físico estadounidense cuyos experimentos, realizados con James W. Cronin y otros colaboradores, demostraron que ciertas leyes de simetría consideradas como fundamentales hasta 1964 no se verificaban en algunos procesos del mundo subatómico. Por las profundas implicaciones de este descubrimiento, recibió en 1980, junto con James W. Cronin, el premio Nobel de Física.

Val Fitch estudió la desintegración de las llamadas partículas extrañas y, en especial, de los mesones K, hasta que su interés se centró en los mesones-K neutros. A lo largo de los años sesenta, en colaboración con Cronin y otros científicos, llevó a cabo una serie de experimentos en los que se demostró que estas partículas subatómicas a veces se desintegran a través de procesos que violan la simetría CP, es decir, procesos a los que tras aplicarles las operaciones de simetría (inversión espacial más conjugación de carga) se obtienen otros procesos que no pueden suceder. Esta rotura de simetría implicaba una violación de la simetría temporal, es decir, implicaba que el tiempo no siempre es reversible a escala subatómica, como se había supuesto hasta la fecha.
 
Después de cursar la educación secundaria en institutos públicos de Nebraska, Val Logsdon Fitch fue reclutado por la Armada de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y destinado al laboratorio de Los Álamos, en Nuevo México, para trabajar en el proyecto Manhattan, lo que influyó de forma fundamental en su educación. Durante los tres años que trabajó allí aprendió las técnicas experimentales de laboratorio y tuvo la oportunidad de conocer a profesores universitarios y destacados investigadores en el campo de la física como Enrico Fermi, Niels Bohr, James Chadwick y Isidor Isaac Rabi, entre otros.
 
Al acabar la guerra, su superior en Los Álamos le ofreció un puesto en la Universidad de Cornell, pero en esos momentos Fitch aún no era licenciado. En lugar de a Cornell, acudió a la Universidad McGill a obtener el título y, más tarde, a la de Columbia, donde se doctoró bajo la dirección de Jim Rainwater. Después de realizar su tesis doctoral en la Universidad de Columbia sobre el espectro de los átomos muónicos, aceptó un puesto en la Universidad de Princeton y comenzó a estudiar los mesones K. Fruto de estas investigaciones fue el citado descubrimiento, conjuntamente con James W. Cronin, de que en ciertas ocasiones los mesones K neutros no respetaban la simetría CP, simetría que, después del descubrimiento en 1956 de la violación de la simetría de paridad por parte de Tsung-Dao Lee y Chen Ning Yang, se consideraba una ley fundamental de la física.
 
 
Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

El 15 de diciembre de 2015 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 11 de febrero de cada año como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia con el objetivo de lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas. 

La brecha de género en los sectores de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) persiste desde hace años en todo el mundo. A pesar de que la participación de las mujeres en las carreras de grado superior ha aumentado enormemente, están todavía insuficientemente representadas en estos campos.

La ciencia y la igualdad de género son vitales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), incluidos en la Agenda 2030. En los últimos 15 años, la comunidad internacional ha hecho un gran esfuerzo inspirando y promoviendo la participación de las mujeres y las niñas en la ciencia. Desafortunadamente, ellas siguen enfrentándose a barreras que les impiden participar plenamente en esta disciplina. De acuerdo con un estudio realizado en 14 países, la probabilidad de que las estudiantes terminen una licenciatura, una maestría y un doctorado en alguna materia relacionada con la ciencia es del 18%, 8% y 2%, respectivamente, mientras que la probabilidad para los estudiantes masculinos es del 37%, 18% y 6%.

 
Nace Dimitri Mendelèiev

Un día como hoy de 1834 nació en Tobolsk (Rusia) Dimitri Ivánovich Mendelèiev. El químico ruso más universal, cuya obra más destacada es la Tabla Periódica de los Elementos. 

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Se descubre el Lawrencio

Un 14 de febrero de 1961 se descubrió en Estados Unidos el elemento químico Lwaurencio, bombardeando un blanco con varios isótopos de californio con iones de boro en un acelerador lineal de partículas. Se denominó asi en honor a Ernest Lawrence, inventor del ciclotrón. 

 

 

 
 
 
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22 de febrero de 1923, primera visita de Einstein a España

El 22 de febrero de 1923, Albert Einstein y su esposa bajaban de un tren en Barcelona, procedente de Francia. El físico alemán se olvidó de avisar sobre su hora de llegada así que no había nadie para recibirles. Caminaron por la ciudad condal hasta una humilde pensión, antes de que se aclarara el asunto y los trasladaran al Ritz.

Así comenzaban los 20 días que Einstein pasó en España por invitación de los científicos españoles Esteve Terradas y Julio Rey Pastor. Visitó Barcelona, Zaragoza y Madrid para dar unas conferencias por las que cobraría 3.500 pesetas, un salario considerable para la época, y más para un profesor universitario.

La prensa recibió al padre de la relatividad con una atención desmedida que recuerda más a la vista de los Beatles, 22 años después, que a la de un hombre de ciencia. Los periódicos daban cuenta del día a día del popular científico alemán, aunque muy pocos entendieran realmente sus trabajos.

Famosa es la anécdota que recoge Thomas Glick en su libro Einstein y los españoles cuando, en Madrid, una vendedora de castañas le gritó un “¡Viva el inventor del automóvil!”.

Albert, o Alberto como castellanizaron el nombre los periodistas, impartió varias conferencias en las universidades españolas. Sus charlas siempre estaban abarrotadas de público, a pesar de que muchos no tenían ni idea de lo que explicaba.

El rey Alfonso XIII le entregó el título de académico de la Real Academia de las Ciencias y fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Central de Madrid. En una velada tomando el té con personalidades como Blas Cabrera, Ortega y Gasset, o Gregorio Marañón, deleitó a los asistentes tocando el violín.

También viajó a Toledo de incógnito, “camuflado y con muchas mentiras”, como reconoce en su diario. Además tuvo tiempo de visitar el Museo del Prado y de recibir en Zaragoza a una rondalla que, según la prensa, le emocionó tanto como para besar a una joven jotera. No consta que el científico se arrancase a bailar al modo baturro.

El 11 de marzo abandonó España, dejando atrás más crónicas de sociedad que novedades científicas. Y es que la mejor definición del paso del alemán por España la resume una viñeta cómica que decía algo así como “Padre, ¿hay alguien más listo que Einstein?”, a lo que responde el progenitor: “Sí hijo, el que le entiende”.

 
22 de febrero de 1923, primera visita de Einstein a España

El 22 de febrero de 1923, Albert Einstein y su esposa bajaban de un tren en Barcelona, procedente de Francia. El físico alemán se olvidó de avisar sobre su hora de llegada así que no había nadie para recibirles. Caminaron por la ciudad condal hasta una humilde pensión, antes de que se aclarara el asunto y los trasladaran al Ritz.

Así comenzaban los 20 días que Einstein pasó en España por invitación de los científicos españoles Esteve Terradas y Julio Rey Pastor. Visitó Barcelona, Zaragoza y Madrid para dar unas conferencias por las que cobraría 3.500 pesetas, un salario considerable para la época, y más para un profesor universitario.

La prensa recibió al padre de la relatividad con una atención desmedida que recuerda más a la vista de los Beatles, 22 años después, que a la de un hombre de ciencia. Los periódicos daban cuenta del día a día del popular científico alemán, aunque muy pocos entendieran realmente sus trabajos.

Famosa es la anécdota que recoge Thomas Glick en su libro Einstein y los españoles cuando, en Madrid, una vendedora de castañas le gritó un “¡Viva el inventor del automóvil!”.

Albert, o Alberto como castellanizaron el nombre los periodistas, impartió varias conferencias en las universidades españolas. Sus charlas siempre estaban abarrotadas de público, a pesar de que muchos no tenían ni idea de lo que explicaba.

El rey Alfonso XIII le entregó el título de académico de la Real Academia de las Ciencias y fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Central de Madrid. En una velada tomando el té con personalidades como Blas Cabrera, Ortega y Gasset, o Gregorio Marañón, deleitó a los asistentes tocando el violín.

También viajó a Toledo de incógnito, “camuflado y con muchas mentiras”, como reconoce en su diario. Además tuvo tiempo de visitar el Museo del Prado y de recibir en Zaragoza a una rondalla que, según la prensa, le emocionó tanto como para besar a una joven jotera. No consta que el científico se arrancase a bailar al modo baturro.

El 11 de marzo abandonó España, dejando atrás más crónicas de sociedad que novedades científicas. Y es que la mejor definición del paso del alemán por España la resume una viñeta cómica que decía algo así como “Padre, ¿hay alguien más listo que Einstein?”, a lo que responde el progenitor: “Sí hijo, el que le entiende”.

 
 
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